XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe: Cuatro dividendos para la economía dominicana
Por Huáscar A. Jiménez, PhD.
Los grandes eventos deportivos duran apenas unas semanas; su verdadero legado puede perdurar durante décadas. En las economías modernas, el deporte ha dejado de ser únicamente una actividad competitiva para convertirse en una industria que moviliza inversiones, atrae turismo, impulsa las industrias creativas y fortalece las capacidades institucionales de los países. Bajo esa perspectiva, los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, conocidos como los Juegos del Centenario, representan una oportunidad para que la República Dominicana transforme un acontecimiento deportivo en una estrategia de desarrollo económico.
La magnitud del evento justifica esta reflexión. La República Dominicana recibirá delegaciones de 37 países, más de 6,200 atletas, alrededor de 3,000 entrenadores, técnicos y personal de apoyo, además de miles de voluntarios que harán posible la celebración de 483 pruebas en 40 disciplinas deportivas. Para ello, el Estado ha destinado cerca de US$160 millones a la construcción y remodelación de 16 instalaciones deportivas. Más que un gasto, esta inversión debe entenderse como una apuesta por generar beneficios permanentes para la economía, el turismo y el desarrollo nacional.
Propongo evaluar los Juegos del Centenario a partir de cuatro dividendos del deporte: el económico, el turístico, el creativo y el institucional. Estos cuatro dividendos constituyen una visión integral para valorar el verdadero impacto de un gran evento deportivo y permiten comprender que su éxito no depende únicamente de las medallas obtenidas, sino de la capacidad de generar un legado sostenible para el país.
El primer dividendo es el económico. La organización de un evento de esta magnitud impulsa la actividad productiva desde mucho antes de la ceremonia inaugural. La construcción y modernización de instalaciones, la contratación de bienes y servicios, la generación de empleos y el incremento del consumo benefician a sectores como la construcción, el comercio, el transporte, la hotelería, la gastronomía y actividades de ocio. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que estos beneficios no son automáticos. En mi artículo Los Juegos Olímpicos: Costos vs. Beneficios, publicado en 2014 en el Tomo I del libro Análisis de la Coyuntura Internacional, colección del Banco Central de la República Dominicana, se concluye que el verdadero retorno de estas inversiones depende del uso que se dé a las infraestructuras una vez concluidas las competencias. En ese sentido, la decisión de destinar la Villa Olímpica de Ciudad Juan Bosch a viviendas de bajo costo constituye un ejemplo de legado planificado. El reto será garantizar que las demás instalaciones deportivas mantengan un uso permanente mediante modelos de gestión sostenibles que involucren al Estado, los gobiernos locales, las federaciones deportivas y alianzas con el sector privado.
El segundo dividendo corresponde al turismo deportivo, uno de los segmentos de mayor crecimiento de la industria turística mundial. Se estima que representa alrededor del 10 % del gasto turístico global, con un valor superior a US$1.3 billones y perspectivas de expansión sostenida durante la presente década. En la República Dominicana, el Ministerio de Turismo estima que alrededor del 2 % de los visitantes internacionales llega motivado por actividades deportivas. Los Juegos del Centenario ofrecen una oportunidad excepcional para ampliar esa participación y posicionar al país como sede de grandes eventos internacionales. Las autoridades proyectan la asistencia de más de 300,000 personas entre visitantes y turistas, mientras que las competencias serán transmitidas en los 37 países miembros por importantes cadenas internacionales, alcanzando una audiencia potencial superior a 280 millones de personas. Pocas campañas de promoción internacional podrían ofrecer una vitrina de semejante alcance para fortalecer la marca país y consolidar el turismo deportivo como un nuevo motor del crecimiento.
El tercer dividendo es el creativo. Cuando se analiza el impacto económico de un evento deportivo, normalmente se piensa en hoteles, restaurantes o transporte. Sin embargo, los Juegos también dinamizan la economía creativa o naranja como mejor se le conoce en Latinoamérica. Más de 4,000 personas vinculadas a las industrias culturales y creativas participan en la organización del evento, entre ellas diseñadores, modistas, productores audiovisuales, escenógrafos, comunicadores, técnicos, artistas, más de 200 músicos, alrededor de 900 bailarines y decenas de profesionales responsables de las ceremonias de inauguración y clausura. A ellos se suman actividades como la gastronomía, el diseño, la producción audiovisual y el mercadeo, demostrando que el deporte también impulsa el talento, la innovación y la identidad cultural como fuentes de crecimiento económico.
El cuarto dividendo es el institucional. Organizar unos Juegos de esta magnitud exige coordinación entre instituciones públicas, federaciones deportivas, empresas privadas, organismos internacionales y miles de voluntarios. Ese proceso fortalece las capacidades del país para gestionar futuros eventos internacionales, mejora la planificación y deja un valioso capital humano. En otras palabras, además de infraestructura física, los Juegos dejan conocimiento, experiencia y una institucionalidad más preparada para afrontar nuevos desafíos.
Los cuatro dividendos se retroalimentan. La articulación entre la economía, el turismo, la creatividad y las instituciones multiplica los beneficios y asegura un legado sostenible para el país.
Las medallas permanecerán en la historia del deporte; el verdadero legado permanecerá en la economía dominicana. El éxito de los Juegos del Centenario no deberá medirse únicamente en agosto de 2026 con las medallas obtenidas y el gasto registrado, sino dentro de una década, cuando podamos evaluar cuántas instalaciones continúan prestando servicio, cuánto creció el turismo deportivo, qué oportunidades se consolidaron para la economía naranja y cuántos nuevos eventos internacionales eligieron a la República Dominicana como sede. Los grandes eventos deportivos duran pocas semanas; su verdadero legado puede durar décadas. Esa es la diferencia entre organizar unos Juegos y convertirlos en una estrategia de desarrollo nacional.
